El ejercicio no es solamente prevención: es una intervención terapéutica que puede evaluarse, dosificarse y controlarse.
Definición. Exercise is Medicine® es una iniciativa global del American College of Sports Medicine cuyo objetivo es incorporar la evaluación y promoción de la actividad física como parte habitual de la atención médica. EIM propone evaluar actividad física, aconsejar/prescribir ejercicio y, cuando corresponde, derivar a profesionales cualificados.
Evidencia científica. Existe una relación consistente entre actividad física, aptitud cardiorrespiratoria y menor riesgo de mortalidad, enfermedad cardiovascular y múltiples enfermedades crónicas. La aptitud cardiorrespiratoria aporta además información pronóstica adicional a factores de riesgo tradicionales.
Beneficios clínicos: mejor capacidad funcional y VO₂; mejor control cardiometabólico; reducción del riesgo cardiovascular; mejor control glucémico; mantenimiento de fuerza y masa muscular; mejor función física en pacientes oncológicos; menor fatiga; y mejor calidad de vida.
Rol de la Medicina del Deporte: evaluar riesgo y capacidad funcional → identificar limitantes → determinar objetivos → seleccionar modalidad e intensidad → establecer FITT-VP → controlar respuesta → progresar la dosis.
Evaluar. Prescribir. Medir. Reajustar.
ACSM . AMERICAN COLLEGE OF SPORTS MEDICINE
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“10 trabajos que cambiaron la forma de entender el ejercicio como medicina”:
- Pedersen & Saltin, 2015 — Exercise as medicine. Revisión de la evidencia para utilizar ejercicio como terapia en 26 enfermedades crónicas. Aplicación: sustenta la prescripción específica según patología.
- Ross et al., Circulation 2016 — Fitness as a Vital Sign. Propone considerar la aptitud cardiorrespiratoria como variable clínica relevante por su fuerte asociación con pronóstico. Aplicación: medir CRF/VO₂ en lugar de limitarse a preguntar cuánto ejercicio realiza el paciente.
- Kodama et al., JAMA 2009. Meta-análisis sobre CRF, mortalidad y eventos cardiovasculares. Aplicación: interpretar los cambios de fitness como resultados clínicamente relevantes.
- Arem et al., JAMA Internal Medicine 2015. Analizó la relación dosis–respuesta entre actividad física de tiempo libre y mortalidad. Aplicación: existe beneficio importante al alcanzar las recomendaciones y beneficios adicionales con mayores volúmenes.
- Ekelund et al., BMJ 2019. Actividad medida objetivamente por acelerometría: más movimiento y menos sedentarismo se asociaron con menor mortalidad. Aplicación: “moverse más y sentarse menos” incluso antes de alcanzar un programa formal de entrenamiento.
- Paluch et al., Lancet Public Health 2022. Meta-análisis internacional sobre pasos diarios y mortalidad. Aplicación: los pasos son una herramienta sencilla para seguimiento poblacional y clínico; el beneficio no depende de alcanzar obligatoriamente 10.000 pasos.
- Kyu et al., BMJ 2016. Meta-análisis dosis–respuesta relacionando actividad física con cardiopatía isquémica, ACV, diabetes y cáncer de mama y colon. Aplicación: proporciona fundamento epidemiológico para una prescripción cuantitativa.
- Umpierre et al., JAMA 2011. En diabetes tipo 2, el ejercicio estructurado se asocia con mejor control de HbA1c. Aplicación: pasar del simple consejo de “hacer actividad” a un programa de entrenamiento prescrito.
- Moore et al., JAMA Internal Medicine 2016. En 1,44 millones de adultos, mayor actividad física se asoció con menor incidencia de diversos cánceres. Aplicación: integrar ejercicio dentro de estrategias de prevención oncológica.
- Campbell et al., MSSE 2019. Consenso internacional ACSM sobre ejercicio en supervivientes de cáncer. El ejercicio aeróbico y de fuerza puede mejorar fatiga, función física, ansiedad, síntomas depresivos y calidad de vida. Aplicación: prescripción adaptada al diagnóstico, tratamiento y efectos adversos.
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La evidencia ya no pregunta si el ejercicio funciona. La pregunta clínica es qué ejercicio, qué dosis y para qué paciente





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